A lo largo del poema, Rossetti utiliza imágenes y simbolismos para transmitir las luchas emocionales y espirituales que enfrenta el hablante. Ella describe la visión de una rosa "medio abierta, medio capullo", que representa el potencial y la promesa que existe junto con la incertidumbre y lo incompleto. La hablante también contempla las cualidades contrastantes de la luz y la sombra, que podrían simbolizar las fuerzas o emociones en conflicto dentro de ella.
El poema evoca una sensación de anhelo y búsqueda mientras la hablante considera los diferentes caminos que podría tomar en su vida. Expresa su deseo de ser guiada por Dios, de encontrar claridad en medio de la confusión y de abrazar su llamado único. La imagen recurrente de Eva resalta la conexión del hablante con la historia de la humanidad y la búsqueda universal de plenitud y redención.
En última instancia, "La Hija de Eva" invita a los lectores a reflexionar sobre sus propios viajes de autodescubrimiento y las decisiones que toman y que dan forma a sus vidas. El poema celebra el potencial de cada individuo para contribuir con algo valioso al mundo, independientemente de sus circunstancias o debilidades.