Así es como se manifiesta el antropomorfismo en la concepción griega de los deportistas olímpicos:
* Apariencia física: Se los representa con cuerpos humanos, que a menudo poseen una belleza y una fuerza extraordinarias.
* Emociones y Acciones: Experimentan amor, odio, celos, ira y otras emociones como los humanos. Se involucran en conflictos, traiciones, amoríos y luchas de poder.
* Naturaleza defectuosa: A pesar de su inmenso poder, no son infalibles. Sus acciones a menudo están impulsadas por agendas personales, debilidades e incluso celos mezquinos, lo que los convierte en figuras identificables y, a veces, incluso trágicas.
* Ambigüedad moral: Su moralidad es a menudo gris. Pueden ser benévolos y justos, pero también son capaces de cometer una gran crueldad y engaño.
Esta cualidad humana hace que los olímpicos sean figuras fascinantes y con las que los antiguos griegos puedan identificarse, permitiéndoles conectarse con deidades a nivel personal. Sirven como reflejo de la naturaleza humana, recordándonos nuestras propias fortalezas, debilidades y potencial tanto para la grandeza como para la tragedia.