Históricamente, los mineros usaban botas de goma como una forma de comunicarse y entretenerse mientras trabajaban en las minas de oro y diamantes. La danza evolucionó como una forma de resistencia y expresión cultural frente a las duras condiciones laborales y la opresión social durante la era del apartheid.
El baile tradicional de botas de goma no requiere ningún instrumento musical externo. En cambio, los propios intérpretes crean el acompañamiento rítmico a través de sus pisotones, aplausos y vocalizaciones coordinados. Las botas de goma (botas pesadas de goma), que usan los bailarines, añaden un elemento de percusión a la danza y contribuyen a su sonido distintivo.
El baile de botas de goma generalmente implica voces de llamada y respuesta, donde un bailarín o un vocalista principal inicia un patrón rítmico o una canción, y los demás responden en armonía o haciendo eco de la frase. La estructura de llamada y respuesta crea una interacción dinámica entre los bailarines, fomentando la unidad y la expresión colectiva.
Los pisotones rítmicos y las palmas con botas de goma sirven como acompañamiento y medio de comunicación. A través de sus movimientos y vocalizaciones, los bailarines transmiten mensajes, cuentan historias y comentan sus experiencias vividas. La danza a menudo presenta ritmos sincopados intrincados, variaciones de tempo y explosiones de energía, mostrando la habilidad, coordinación y musicalidad de los bailarines.
En los últimos años, las botas de goma han evolucionado e incorporado elementos de la música y los estilos de danza contemporáneos, como el hip-hop, el breakdance y la danza moderna. Si bien algunas versiones de botas de goma pueden incluir música pregrabada o acompañamiento instrumental en vivo, la esencia del baile permanece arraigada en su forma tradicional.
En general, la danza de botas de goma es una forma de arte escénica altamente percusiva y rítmica que obtiene su acompañamiento de los propios bailarines. Es una celebración de comunidad, resiliencia y orgullo cultural que trasciende la necesidad de instrumentos musicales externos, extrayendo su fuerza y espíritu de la energía colectiva de los intérpretes.