Si bien es cierto que muchas personas estuvieron involucradas en el proceso, desde agentes hasta editores, Cunningham fue quien finalmente dio luz verde a la publicación del libro.
Al principio dudó, creyendo que un libro para niños no tendría éxito comercial. Sin embargo, su hija Alice lo convenció de leer el manuscrito y la historia lo cautivó de inmediato. Luego defendió el libro en Bloomsbury, lo que finalmente condujo a su publicación en 1997.