1. Longitud y Complejidad: El manuscrito era bastante largo (alrededor de 90.000 palabras) para un libro para niños y la trama era compleja, con muchos personajes e historias. Es posible que algunos editores hayan dudado sobre la extensión y la dificultad para el público objetivo.
2. Género y Concepto: La fantasía no era un género tan popular para los libros infantiles en ese momento, especialmente con un enfoque tan centrado en la magia y el entorno escolar. Es posible que los editores lo hayan considerado demasiado especializado o demasiado similar a obras existentes.
3. Autor joven: Rowling era una autora desconocida e inédita en ese momento. Las editoriales suelen preferir autores con un historial de éxito.
4. Saturación del mercado: El mercado del libro infantil ya era bastante competitivo y los editores podrían haber sido cautelosos a la hora de contratar a un nuevo autor, especialmente uno con un proyecto tan singular y ambicioso.
5. Falta de comprensión: Algunos críticos sugieren que los editores simplemente no lograron captar el potencial de la historia. Es posible que se hayan centrado demasiado en los elementos superficiales y se hayan perdido la profundidad, el humor y el corazón que hicieron que la serie fuera tan popular.
Es importante recordar que la publicación es un proceso subjetivo. Lo que un editor encuentra atractivo, otro podría rechazarlo. En el caso de Rowling, finalmente encontró un editor, Bloomsbury, que reconoció el potencial de su trabajo y se arriesgó con un nuevo autor. El resto, como dicen, es historia.