En la *Ilíada*, Homero describe a Helena como una catalizadora para la guerra, no una guerrera ella misma. Su presencia en Troya fue vista como un premio por el que valía la pena luchar, y su belleza fue considerada un arma poderosa por derecho propio.
Si bien su belleza fue la causa de la guerra, el carácter de Helen es más complejo. Se la representa como una víctima de las circunstancias, obligada a dejar a su marido Menelao para ir a París. También se la muestra como una figura compasiva, lamentando la muerte de soldados de ambos lados del conflicto.