* Tratarla como un proyecto, no como una persona: Higgins ve a Eliza como una materia prima para moldear su ideal de "dama". No respeta su individualidad ni su derecho a elegir su propio camino. Él la ve como un experimento, manipulándola constantemente y sin tener en cuenta sus sentimientos.
* Degradar su estatus social: Higgins le recuerda constantemente a Eliza su baja posición social, llamándola "agachadiza" y menospreciando su origen. Esto es profundamente doloroso y refuerza el prejuicio social al que se enfrenta.
* Explotando su vulnerabilidad: Se aprovecha del deseo de Eliza de una vida mejor, prometiéndole una transformación que, en realidad, tiene un coste personal importante. Él no le ofrece apoyo o consideración genuina, sino que la usa para su propia diversión y experimento científico.
* No considerar sus necesidades emocionales: Él ignora el bienestar emocional de Eliza y descarta sus sentimientos como sin importancia e irrelevantes. Él no reconoce el trauma emocional que ella sufre durante el proceso de transformación.
* Finalmente abandonándola: Si bien se ve a sí mismo como su creador, finalmente la repudia, dejándola vulnerable e insegura sobre su futuro. Él no logra prepararla para el mundo real y sus complejidades, dejándola enfrentar sola las consecuencias de sus acciones.
Si bien la obra termina con Eliza eligiendo una vida independiente de Higgins, el daño que éste le ha infligido es significativo. Él no sólo la ha manipulado sino que también le ha inculcado una sensación de inseguridad y dudas que probablemente la afectará durante mucho tiempo. Él la ha convertido en un éxito, pero a un gran costo personal.
Es importante señalar que la obra de Shaw es una crítica de la desigualdad de clases y los prejuicios sociales, y las acciones de Higgins pretenden resaltar las consecuencias dañinas de tales sistemas. Actúa como una representación de la clase dominante, explotando a aquellos con menos poder para su propio beneficio.