Sin embargo, podemos identificar algunas áreas en las que Finney enfrentó oposición y críticas:
* Su énfasis en las "nuevas medidas" del revivalismo: Algunos clérigos tradicionalistas consideraban radicales los métodos de Finney, como el uso de "bancos ansiosos" y "reuniones prolongadas". Fue acusado de ser demasiado emocional y manipulador, y sus técnicas provocaron controversia.
* Sus opiniones sobre la reforma social: Finney fue un firme defensor del abolicionismo y la templanza, lo que lo puso en desacuerdo con algunos segmentos de la sociedad que tenían puntos de vista opuestos.
* Sus controversias dentro de la Iglesia Presbiteriana: El énfasis de Finney en el "libre albedrío" y sus puntos de vista poco ortodoxos sobre la predestinación causaron tensión dentro de la Iglesia Presbiteriana, lo que finalmente llevó a su separación de la denominación.
* Sus luchas con la salud mental: Finney experimentó períodos de depresión y ansiedad a lo largo de su vida, lo que en ocasiones afectó su ministerio.
* Su impacto en el panorama evangélico moderno: Aunque el legado de Finney es vasto, algunos críticos sostienen que su énfasis en la conversión personal y el emocionalismo contribuyó en última instancia al surgimiento de una forma de evangelicalismo más individualista y menos comprometida socialmente.
Es importante recordar que estas son interpretaciones de acontecimientos históricos. Los fracasos de Finney no fueron necesariamente defectos personales sino más bien puntos de discordia dentro del contexto de su época y del panorama religioso y social predominante.
En última instancia, la vida y el ministerio de Charles G. Finney fueron complejos y multifacéticos, y si bien experimentó desafíos y controversias, también dejó una huella innegable en la historia de la religión estadounidense.