Se sumergió en el personaje y pasó meses en aislamiento desarrollando su apariencia física, sus gestos y su voz. Mantuvo un diario lleno de notas y bocetos, e incluso se negó a hablar con nadie en el set durante el rodaje, permaneciendo en el personaje incluso fuera de cámara.
La dedicación de Ledger al papel fue legendaria y finalmente le valió un Premio de la Academia póstumo al Mejor Actor de Reparto.