* Crecer en la Alemania de la posguerra: Nacido en 1945, Kiefer vivió las secuelas inmediatas de la Segunda Guerra Mundial. La devastación y el trauma de la guerra, en particular el Holocausto, se sintieron profundamente en su familia y comunidad. Esta experiencia dejó una huella imborrable en su psique, convirtiéndose en un tema recurrente en su arte.
* Una crianza rural: Kiefer creció en un pequeño pueblo de la campiña alemana. Esta experiencia fomentó una conexión con la naturaleza y un profundo respeto por los ritmos cíclicos de la vida y la muerte, elementos que son evidentes en su obra de arte.
* Familia y fe: El padre de Kiefer era un católico devoto y la fe de su familia jugó un papel importante en su educación. Si bien luego cuestionó algunos aspectos de la religión organizada, la temprana exposición de Kiefer al catolicismo contribuyó a su interés por la mitología, el simbolismo y la búsqueda de significado en un mundo turbulento.
* Inclinaciones artísticas tempranas: Ya desde niño, Kiefer demostró un gran interés por el arte. Pasaría horas dibujando y experimentando con diferentes materiales, presagiando su posterior fascinación por las prácticas artísticas poco convencionales y a gran escala.
Sin embargo, es importante señalar que la infancia de Kiefer no fue necesariamente idílica. La estricta disciplina de su padre y la continua sombra de la guerra probablemente contribuyeron a una sensación de inquietud e introversión que más tarde encontraría expresión en su arte.
En general, la infancia de Anselm Kiefer estuvo profundamente marcada por el contexto histórico de la Alemania de posguerra, su educación rural y las creencias religiosas de su familia. Estos elementos, combinados con sus inclinaciones artísticas naturales, sentaron las bases del complejo y desafiante viaje artístico que emprendería a lo largo de su vida.