Aquí algunas anécdotas que demuestran su sentido del humor:
* Una historia sobre un corgi: Durante una visita a una granja, la Reina estaba inspeccionando un redil de ovejas. Le preguntó a un granjero:"¿Tiene perros pastores?" El granjero respondió:"Sí, Su Majestad. Tengo algunos". La Reina sonrió y dijo:"Bueno, quizás quieras mantenerlos alejados de mis corgis. Podrían pensar que las ovejas son sólo ardillas grandes".
* Una respuesta diplomática: Cuando un invitado a una cena real se quejó de la comida, la Reina respondió:"Lo siento mucho. No me di cuenta de que no estabas acostumbrado a comer con los dedos".
* Una púa juguetona: Cuando un fotógrafo le dijo que iba a tomarle una foto con un abrigo nuevo, la Reina supuestamente bromeó:"No estoy segura de querer que me vean con este abrigo. No es muy halagador".
* Un comentario descarado: Durante una visita a la Royal Shakespeare Company, la Reina conoció a un actor que había interpretado a Hamlet. Según se informa, dijo:"Siempre quise interpretar a Hamlet, pero me temo que no soy lo suficientemente alta".
Más allá de estas anécdotas, el humor de la Reina a menudo se expresaba a través de sus gestos y su capacidad para conectarse con la gente a nivel personal. Era conocida por su cálida sonrisa, su brillo en los ojos y su capacidad para tranquilizar a la gente.
Si bien era indudable que era una figura seria, la reina Isabel II también tenía un lado juguetón. Su ingenio mordaz y su capacidad para reírse de sí misma fueron sólo algunas de las cualidades que la hicieron tan querida por el pueblo británico y el mundo.