En 1594, la peste, conocida como Peste Negra, obligó al cierre de todos los teatros de Londres. Esto planteó un desafío importante para los actores y dramaturgos, incluido Shakespeare. Sin embargo, en 1599 la peste remitió, lo que permitió la reapertura de los teatros.
Este evento brindó a Shakespeare la oportunidad de mostrar su talento y establecerse como un dramaturgo de éxito. Con la reapertura de los teatros, Shakespeare tuvo una plataforma para presentar sus obras y ganarse el reconocimiento del público y de los mecenas de las artes.