En esta película, el personaje principal, un perro llamado Bailey, se reencarna varias veces y vive varias vidas con diferentes dueños, experimentando las alegrías y las tristezas de la vida en cada iteración.
La película no describe el escenario específico en el que un humano muere y su compañero animal también muere, pero sí explora el profundo vínculo entre humanos y animales y el impacto de la pérdida en ambos lados.