Causas naturales:
* Vejez: Las ardillas tienen una vida útil relativamente corta, normalmente de 2 a 5 años en estado salvaje. Algunos pueden vivir más, pero sus cuerpos se debilitan naturalmente con la edad.
* Enfermedad: Las ardillas son susceptibles a diversas enfermedades, como la rabia, el moquillo y los parásitos.
* Depredación: Muchos animales se alimentan de ardillas, incluidos halcones, búhos, serpientes, coyotes, zorros y gatos domésticos.
* Hambre: Las ardillas pueden morir por falta de alimento durante los duros inviernos o si sus fuentes de alimento escasean.
* Accidentes: Las ardillas pueden caerse de los árboles, ser atropelladas por automóviles o ahogarse en fuentes de agua.
Causas relacionadas con el ser humano:
* Pérdida de hábitat: La deforestación y la urbanización destruyen los hábitats de las ardillas, lo que les dificulta encontrar alimento y refugio.
* Pesticidas: Los pesticidas utilizados en jardines y céspedes pueden dañar a las ardillas y provocar envenenamiento.
* Colisiones de vehículos: Las ardillas suelen morir atropelladas por los coches, especialmente al cruzar las calles.
* Trampa: A veces, los humanos atrapan a las ardillas para controlar las plagas o evitar daños a los cultivos.
Otras causas:
* Cambio Climático: El cambio climático puede alterar las poblaciones de ardillas al alterar sus fuentes de alimento y hábitats.
* Concurso: Las ardillas compiten entre sí por los recursos y esta competencia puede provocar la muerte, especialmente en tiempos de escasez de alimentos.
Es importante recordar que las ardillas son animales salvajes y están sujetos a las fuerzas naturales de su entorno. Podemos desempeñar un papel en su supervivencia proporcionándoles hábitats seguros, reduciendo nuestro uso de pesticidas y siendo conscientes de su presencia al conducir.