A lo lejos se alzaba un monolito imponente y solitario, cuya suave superficie de obsidiana reflejaba el enfermizo sol verde. Elias se acercó con cautela; el crujido de la grava bajo sus botas fue el único sonido en el desconcertante silencio.
A medida que se acercaba, un suave zumbido resonó en el monolito. Latió, se hizo más fuerte y una imagen holográfica cobró vida, un ser de pura luz y energía.
"Saludos viajero", habló el ser con una voz que resonó en la mente de Elías. "Has encontrado nuestra baliza".
Elías se quedó sin palabras. Había llegado a Cygnus 4 en busca de restos de una civilización antigua, pero esto... esto estaba más allá de todo lo que podría haber imaginado.
"Somos los arquitectos", continuó el ser. "Construimos este mundo y este faro para preservar nuestro conocimiento. Ahora te lo ofrecemos".
La imagen holográfica se expandió, llenando la visión de Elias con patrones intrincados y ecuaciones arremolinadas, conocimiento de un poder inimaginable.
Elías, abrumado, sólo pudo susurrar:"¿Qué… qué quieres a cambio?"
El ser se detuvo y su luz parpadeó. "Queremos que elijas", respondió. "Para elegir el futuro de tu especie."