Querido diario,
Hoy, lo imposible sucedió. El mundo observaba, sin aliento, mientras Neil Armstrong daba sus primeros pasos en la luna. Es casi imposible describir el sentimiento. Una sensación de orgullo abrumador, mezclado con un miedo extraño y hormigueante. Como si el mundo mismo estuviera conteniendo la respiración.
Vi la transmisión con mi familia, acurrucado alrededor de la vieja televisión en blanco y negro. Mi padre, generalmente un hombre de pocas palabras, murmuró "lo hicieron", su voz llena de emoción. Mi madre, con los ojos muy abiertos de asombro, seguía repitiendo:"¡En realidad están en la luna!"
Parecía un sueño, una escena directamente de una película de ciencia ficción. Allí estaba, Neil Armstrong, un hombre con traje espacial blanco, plantando la bandera estadounidense en el polvo lunar. La imagen estará grabada para siempre en mi memoria.
Mientras hablaba, su voz temblorosa de emoción, describiendo el "un pequeño paso para el hombre, un salto gigante para la humanidad", sentí un bulto en mi garganta. Esto fue más que un logro científico, más que un triunfo nacional. Fue un testimonio del espíritu humano, de nuestra implacable búsqueda del conocimiento y la exploración.
No sé qué depara el futuro, pero lo sé:hoy, hemos tocado las estrellas. Lo imposible se ha convertido en realidad. Y para eso, siento una profunda y profunda sensación de asombro, de gratitud, de esperanza.
Este es un día que siempre será grabado en la historia. Un día en que la humanidad, con todos sus defectos y luchas, llegó más allá de las limitaciones de esta tierra y tocó la cara de lo desconocido.
Buenas noches, diario.
Y buenas noches, luna.