Leona, una anciana afroamericana, es la primera persona que trabaja activamente en el terreno baldío. Ella lo ve como un lugar de belleza y paz, y cree que plantar flores traerá una sensación de esperanza y alegría al vecindario.
Las acciones de Leona prepararon el escenario para la historia, inspirando a otros a usar el lote para sus propios fines y, en última instancia, transformándolo en un jardín comunitario.