Lo positivo:
* Prestige y Patrocinio: El patrocinio de la reina Isabel era muy buscado y que asistiera a una actuación sería un gran impulso para la carrera de Shakespeare. Significaría la aprobación real, aumentaría su reputación y potencialmente generaría más comisiones y recompensas financieras.
* Oportunidad de Reconocimiento: Tener a la Reina presente brindó una excelente oportunidad para que Shakespeare mostrara su talento y obtuviera el reconocimiento de la persona más poderosa del país. Esto podría haber llevado a que sus obras se representaran frente a otras personas influyentes, abriendo puertas para el éxito futuro.
* Comentarios reales: Si bien no se indica explícitamente, es posible que Shakespeare valorara la opinión de la Reina y haya utilizado su asistencia como indicador del éxito de su obra. Sus reacciones, positivas o negativas, habrían tenido un peso significativo.
El potencial negativo:
* Presión y Expectativas: Actuar para la realeza podría haber supuesto una presión inmensa. Shakespeare habría sentido el peso de la expectativa de ofrecer una actuación que cumpliera con los estándares de la Reina y entretuviera a la corte.
* Sensibilidad política: Algunas de las obras de Shakespeare abordaron temas delicados como la monarquía, el poder e incluso la posible crítica a la clase dominante. Es posible que le preocupara la reacción de la Reina ante estos temas, especialmente si se los percibía como demasiado audaces o controvertidos.
* Miedo a la desgracia: Aunque la Reina era conocida por su patrocinio de las artes, también podía ser implacable con quienes la desagradaban. Shakespeare podría haber temido que una obra mal recibida pudiera generar el desfavor real y afectar su carrera.
En general:
Es probable que Shakespeare viera la asistencia de la reina Isabel I como una bendición y un desafío al mismo tiempo. Entendió los beneficios potenciales del patrocinio real y el prestigio que podría aportar, pero también reconoció los riesgos inherentes y la presión para lograr una actuación exitosa.
Es importante señalar que la relación entre un dramaturgo y su mecenas era compleja y, a menudo, tácita. Si bien podemos especular sobre los sentimientos de Shakespeare, nunca podremos saber realmente qué pasó por su mente cuando la Reina adornó sus obras con su presencia.