"Piensan que somos animales, ¿sabes? Como bestias en una jaula, a las que hay que observar y pinchar. Vienen a mirar boquiabiertos nuestra miseria, esta gente, estos alemanes. Dicen que están tratando de ayudar, pero su ayuda se siente como un estrangulamiento. Todos los días son iguales. Enjuague y repita, como un disco rayado.
Nos dicen que debemos trabajar duro para ganarnos el sustento. ¿Pero qué podemos ganar? ¿Qué se puede ganar en este lugar? Nada más que su lástima, sus fugaces momentos de disgusto.
Pero no nos ven. Realmente no. Ven números, clasificaciones, una enfermedad que hay que contener. No ven el miedo en mis ojos, el hambre que me corroe el estómago, el anhelo de una vida más allá de estos muros.
También ven a Bruno. El niño pequeño, con su inocente curiosidad, sus inocentes preguntas. Lo ven como un niño, una amenaza, un peligro potencial. Pero no ven la bondad en su corazón, el anhelo de amistad, el deseo de liberarse de la jaula que han construido a su alrededor.
Él no entiende. Él no puede entender. Nos ve como algo diferente, algo extraño. Pero no ve el terror, la desesperación, el dolor que llevamos dentro. Nos ve como amigos, como iguales, y eso es algo hermoso y peligroso.
Quizás algún día lo entienda. Quizás algún día vea el mundo más allá de la valla, el mundo al que todos pertenecemos, donde no nos definen las rayas de nuestra ropa, sino los latidos de nuestro corazón, los sueños que llenan nuestra mente. Pero hasta que llegue ese día, sólo puedo esperar que se mantenga a salvo, que siga siendo inocente, que nunca comprenda realmente la oscuridad que nos rodea".
(Pavel suspira, un suspiro profundo y pesado que refleja el peso de su desesperación. Termina de limpiar las gafas, con los dedos temblorosos. Se da vuelta, con los ojos vacíos, y se aleja, dejando la habitación en silencio y la lámpara parpadeando en la oscuridad.)