A pesar de las advertencias de su madre y de la inquietante presencia de los soldados, la curiosidad de Bruno supera su miedo. Descubre un mundo extraño y bullicioso lleno de gente desconocida vestida con pijamas de rayas. Es testigo de los extraños rituales y rutinas de esta "granja" y queda cada vez más fascinado por los niños que ve a través de la valla.
Este capítulo marca un punto de inflexión en el viaje de Bruno. Ya no es sólo un niño que juega; está empezando a comprender la realidad de la situación de su familia y el mundo oculto que existe más allá de sus puertas. El capítulo termina con el primer encuentro de Bruno con Shmuel, otro chico de su edad, que se encuentra al otro lado de la valla. Su conexión, por inocente e inconsciente que sea, presagia un vínculo cada vez más profundo que dará forma al resto de la historia.