Fortalezas:
* Fuerte creencia en el derecho divino: Carlos creía firmemente en el derecho divino de los monarcas, creyendo que Dios le había dado el poder de gobernar sin necesidad de responder ante el Parlamento. Si bien esta era una creencia común entre los monarcas de la época, el compromiso inquebrantable de Carlos con este principio alimentó el conflicto con el Parlamento.
* Devoción personal: Carlos era profundamente religioso y tomaba en serio su responsabilidad ante Dios y su pueblo. También se dedicó a su familia, especialmente a su esposa, Henrietta Maria.
* Liderazgo militar: Charles era un comandante militar capaz, particularmente durante las primeras etapas de la Guerra Civil. Era conocido por su coraje y determinación en el campo de batalla.
Debilidades:
* Falta de perspicacia política: Charles luchó por comprender el cambiante panorama político y el creciente poder del Parlamento. A menudo alienó a aliados potenciales al negarse a ceder en sus creencias.
* Tendencias autoritarias: Carlos creía en una autoridad fuerte y centralizada y no estaba dispuesto a compartir el poder con el Parlamento. Esto dio lugar a frecuentes enfrentamientos por impuestos, cuestiones religiosas y otras cuestiones.
* Mala comunicación: Charles era conocido por su distanciamiento e incapacidad para comunicarse eficazmente con sus súbditos. Rara vez buscó la opinión pública y a menudo parecía desestimar las preocupaciones del Parlamento.
* Mala gestión financiera: Los gastos generosos de Carlos y las costosas guerras agotaron el tesoro real, obligándolo a depender cada vez más del Parlamento para obtener financiación. Esto creó tensión cuando el Parlamento intentó afirmar su control sobre el dinero.
En última instancia, el liderazgo de Carlos fue un factor importante en el estallido de la Guerra Civil Inglesa. Su negativa a llegar a un acuerdo con el Parlamento y su compromiso inquebrantable con el derecho divino de los reyes provocaron una crisis política y religiosa.
Si bien la creencia de Carlos en su derecho divino era fuerte, finalmente no logró cerrar la brecha entre la Corona y el Parlamento, lo que llevó a su caída. Su ejecución en 1649 marcó un punto de inflexión en la historia inglesa, demostrando los límites de la monarquía absoluta y el creciente poder del Parlamento.