Aplicar una presión excesiva sobre una pantalla táctil puede estresar o dañar el digitalizador o la pantalla misma, lo que provocaría fallos de funcionamiento o una capacidad de respuesta reducida.
Sensibilidad reducida:
La pantalla táctil puede volverse menos sensible al tacto en áreas donde se aplicó una presión excesiva, lo que dificulta el control y la navegación del dispositivo.
Pantalla rota:
En casos extremos, presionar demasiado fuerte la pantalla puede provocar que se agriete o se rompa. Esto puede provocar el fallo total de la pantalla táctil y la pantalla subyacente.
Problemas de garantía:
Los daños intencionales o accidentales a la pantalla causados por una presión excesiva generalmente no están cubiertos por las garantías estándar, por lo que es posible que los usuarios deban asumir los costos de reparación o reemplazo.